jueves, 29 de mayo de 2008

Antes que el diablo sepa que has muerto

La más pura tragedia clásica se oculta debajo de este drama familiar, narrado con la solvencia y elegancia que caracterizan a Sidney Lumet.

Mientras estos días se siguen despilfarrando ríos de tinta envenenados con el propósito de ningunear las nuevas y entretenidas hazañas del crepuscular (que no viejo) profesor Jones, es mucho más apetecible detenerse en un título como éste, casi valor seguro de buen cine tras ver que el director que firma la obra es el mismo que durante décadas nos ha deleitado con obras maestras como Veredicto final, Tarde de Perros, Sérpico o la imprescindible para entender este arte 12 hombres sin piedad. Hablar de Lumet es hablar de cine solvente, cine eficaz, cine artesanal, en definitiva, es hablar de cómo hacer cine. Algo que él mismo resume con la eficacia característica de sus películas, en su libro (casi biblia para los futuros directores) Así se hacen las películas.

Antes que el diablo sepa que has muerto recuerda desde sus primeros compases a otras obras del director: un atraco aparentemente fácil, algo que falla en el mecanismo, y una sucesión de hechos que nos llevan a un trágico final, digno de representarse en cualquier anfiteatro griego. Con esta historia, que narra la podredumbre que asola a una familia integrada por dos hermanos traidores, un padre desconfiado, y una madre víctima de la propia aberración familiar, Lumet construye a partir de un guión más que sólido, una tela de araña, plagada de flahsbacks, que alterna diferentes puntos de vista sobre un suceso que marcará el devenir familiar. Sin embargo, y pese a conservar el estilo clásico en su realización, dónde la cámara se mueve lo justo y necesario, dónde el plano dura exactamente lo que tiene que durar, y dónde los detalles importantes están de sobra anticipados para el buen disfrute del espectador, la película se diluye a mitad de su metraje, en varios saltos temporales y en un excesivo abuso, (que en ocasiones parece innecesario) del punto de vista de varios personajes sobre un mismo hecho.

Aún así, la película se entiende a la perfección y está muy por encima de la media a lo que la cartelera nos tiene acostumbrados últimamente. Además el film está acompañado con una excelente banda sonora, la cual amartilla con sus graves notas de piano los momentos más trágicos del film, de una puesta en escena fría y realista y de unas actuaciones soberbias, tanto de los protagonistas, como de los personajes secundarios. Una buena película, que no está al nivel de las mejores obras de Lumet, pero que demuestra una vez más que la experiencia es un grado de sabiduría a la hora de ponerse tras las cámaras. Solvente, elegante y eficaz, ¿que más se puede pedir? Posiblemente lo mismo que le pedimos a Clint Eastwood año tras año, que ésta no sea su última película.

3 comentarios:

Eo dijo...

Admiro tu capacidad de cr´´itica y objetividad. Consigues dejar a un lado tu "enamoramiento" hacia Sidney Lumet, y mostrarnos un an´´alisis de su peli. ¡Casi no se nota que es uno de tus "dires" preferidos y que sientes verdadera pasi´´on por "Doce hombres sin piedad"!. Chapeau, Nacho.

Nacho. dijo...

Ciertamente Lumet me ha atraído siempre, pero creo que es eso precisamente lo que hace que mire sus películas bajo un listón que con otras quizá no lo haga. No es de sus grandes pelis, pero no deja ser algo muy notable para lo que hay hoy en día.
Gracias eo!

Nano dijo...

Ya era hora de que volviesemos a coincidir tras desacuerdos como Indy o Be Kind Rewind.

Bravo por Lumet!