jueves, 24 de abril de 2014

Póngame tres de "Gabo", por favor.




Ten cuidado con la gente. Procura no pisar al de al lado. Y que a ti no te pisoteen. Eso nunca. Busca, compra, compara y llévate a García Márquez a casa. A peso. Póngame tres de “Gabo”, por favor. ¿A cuánto dice que va el kilo? ¡Al mejor precio señora! Ni mire en al librero de al lado, está en el lugar adecuado. Si es de bolsillo te cabe en el bolso. Si es de Bolson, mejor al cajón. Mucha página. Si es de tapa dura, estás en peligro. Las cosas duras siempre hacen daño. Siempre. Tú llévatelo. Y que sea de tapa blanda. ¿No hay más blanda? No señora, de los de plastilina ya no quedan. Dirás que te llevaste uno el día del libro. Eres un afortunado. Se agotaron, pero tú te llevaste uno. Lee a los que se mueren. Solo a los que se mueren. Ni se te ocurra leer a alguien que está vivo. Si el escritor no está muerto, el libro es una mierda. Eso lo sabe todo el mundo. Todos lo son. Bueno, casi todos. El de Adolfo Suárez es una maravilla. Ah, que también ha muerto. Vaya, qué sorpresa. Con lo bueno que era ese hombre. Adolfo en sí es un nombre de lo más interesante. Que se lo digan a los alemanes. La bandera se viene a pique. El escudo se viene a pique. El pique también se viene a pique. En Lérida preparan la aduana. Te darán una rosa al entrar. Y con suerte, también un libro. Aunque no será de Adolfo Suárez. Allí el precio por kilo de libros ha subido. Sobre todo en historia. Sigue mirando, empújate entre el gentío. Las librerías están vacías. Nadie entra en ellas. Hay que sacar los libros a la calle. Hay que sacar a pasear al perro. Hay que sacar de quicio. Si miras en Uniliber e Iberlibro encontrarás lo mismo. De segunda mano. Pero a ti te gusta estrenar. Estrenarlo todo. Estrena coche. Estrena casa. Estrena perro. Estrena pantalones. Estrena todo lo que puedas. Estrénate también a ti mismo. De vez en cuando, reinventarse no viene tan mal. Pero compra hoy, que es el día del libro. Hoy compra. Sobre todo, compra. Que hay un 10% de descuento. Y eso es un dineral. Un 10%. Es menos que el número de parados. Y menos que el IVA cultural. Es más de lo que subirá tu sueldo en toda tu vida. Así que aprovéchalo. Que el kilo está barato. Cuando estés harto de dar vueltas, vuelve a tu casa, deja los libros en la mesita de noche y enciende la tele. Belén Esteban firmando libros. Mónica Carrillo firmando libros. Y el tuyo de García Márquez (perdón, de “Gabo”) sin firmar. Con lo que te hubiera gustado a ti que te lo firmara Adolfo.

viernes, 17 de enero de 2014

And the nominated is...

Ayer, durante unos segundos, todos los que de una u otra forma tenemos relación con el cortometraje en España, sentimos como una pequeña victoria la nominación de Esteban Crespo a los Oscar por su corto "Aquel no era yo". Si no lo entienden, se lo explicaré de otra forma. Usted no es Iniesta. Pero el día que ganamos el Mundial, seguro que se sintió un poco como Iniesta. Pues lo de ayer fue algo parecido. Ninguno somos Esteban Crespo, pero sabemos que su nominación es una pequeña victoria que merece la pena celebrarse. Para qué negarlo, qué narices, todos hemos soñado en algún momento con algo así, precisamente, porque todo eso (Oscar, alfombras rojas y demás parafernalias) suena un poco a sueño. A algo lejano y desconocido, que poco o nada tiene que ver con nuestra realidad diaria. A algo inalcanzable o al alcance de muy pocos.  Y que ayer supiéramos que alguien como Esteban se va a colar (aunque lo correcto sería decir que está invitado) en esa fiesta, es una noticia -muy justa, sea dicho- que nos alegra a la gran mayoría. Más si cabe, a los que sabemos lo que le ha costado este corto y el buen equipo de profesionales que hay detrás de él. 

Rodar cortometrajes es complicado. Eso no es nada nuevo. Y uno lo descubre desde su primer corto. Da igual si llevas dos, cinco o veinte años rodando cortos. Cada corto requiere de un esfuerzo sobrehumano y de una pasión y/o vocación más que necesaria. Esteban de eso sabe un rato. Y esta nominación supone, probablemente, el colofón a un trabajo desarrollado durante varios años, culminado ahora con un cortometraje de la categoría -llamémosle por ahora-, “nominable al Oscar”. Bien… ¿cómo puede ser, entonces, que a estas alturas Esteban aún tenga dificultades para encontrar productores interesados en construir su primer largometraje? ¿En qué país vivimos? ¿Cómo puede ser que alguien con el oficio y la profesionalidad de Esteban, más que preparado para hacernos disfrutar con sus largometrajes, tenga que esperar a ser nominado al Oscar para generar verdadero interés entre los productores? ¿Cómo puede ser que reciba llamadas de otros países y que aquí tenga que vérselas y deseárselas para levantar su ópera prima, cuando tiene bajo el brazo tres proyectos de índole bien diferente? No me digan (señores productores), por favor, que es un mal momento para hacer películas. Que apenas hay apoyo estatal. Que ahora es complicado financiar una película y más todavía, conseguir que el público vaya a verlas.
Porque nunca hay un “buen momento” para hacerlas. Las películas se hacen, o no se hacen. Y hacerlas con un director – y un equipo de profesionales - que ofrece un cortometraje como “Aquel no era yo”, bien debería ser sinónimo de confianza para cualquier productor. No de confianza absoluta. Porque creo que eso, hoy en día, no lo da ni Mr. Scorsese. Pero sí, al menos, de confianza para ofrecer una primera oportunidad. 


Hace unos días, en esta entrevista, el propio Esteban reconocía que después de ganar el Goya no tuvo, precisamente, una cola de productores esperando para hablar con él intentando levantar su primera película. Ni qué hablar de los otros tres nominados del curso pasado. ¿Para qué, verdad? “Los otros tres cortometrajes seguro que no tiene mayor interés”, pensarían algunos. ¿Pero tan ciegos estamos? ¿Cómo alguien con seis cortos rodados y decenas de premios recibidos a lo largo del globo con sus cortometrajes, tiene que esperar a ser nominado al Oscar (¡nominado al Oscar!) para generar  verdadero interés?  El caso de Esteban no me parece, ni mucho menos, un caso aislado. Al contrario. Me vienen rápidamente, una docena de nombres de directores de cortos, que bien podrían estar ya rodando largometrajes, contribuyendo así a nuestra cinematografía. Muchos de ellos, los mejores, es probable que terminen levantando su primer largometraje fuera de España, total o parcialmente. Otros tendrán que auto-producirse, volviéndose locos en esa tarea. El resto, quizá tengan que seguir esperando a recibir una nominación al Óscar para que se les tenga en cuenta. Manda narices. Como si no hubiera por ahí pocos festivales internacionales donde el cortometraje español se cuela año tras año, sin levantar, precisamente, muchos artículos en los medios de comunicación más influyentes del país. Esta semana, sin ir más lejos, conocíamos la noticia de que “Gorka Cirka” de Álex Lora, era seleccionado en el prestigioso Festival de Sundance. No he visto, precisamente, que haya ríos de tinta ante la noticia señalando que es la segunda vez que Álex Lora viajará a Sundance para presentar un corto en la sección oficial.  También que  España será el país que más cortometrajes tenga en la sección internacional del Festival de Clemont Ferrand (Francia), una de las citas más importantes para el cortometraje. Sí, el que más. Más que Alemania, EEUU o Gran Bretaña o Italia. Y no me malinterpreten, pues este alegato no va a favor de una defensa patria, abanderando que el cortometraje español es de una calidad inigualable.  No, nada de eso. Pero sí es innegable, que poseemos una cantera de profesionales trabajando en silencio  en el cortometraje y, muchas veces, olvidados por quiénes sí tienen un papel importante en el desarrollo cinematográfico de nuestro país: los productores. Pocos son los que se dejan ver en los diversos festivales de cortometrajes que hay en España. Ni siquiera en las grandes citas. Menos aún, los que dedican tiempo a ver cortometrajes desde sus sofás. Los hay. Y son los buenos. Pero también son las excepciones. Y así nos va. Con una cantera, más que preparada, deseando correr la banda de los campos de primera división, esperando a que algún ojeador les ayude a tener su primera oportunidad en el primer equipo. Otros, se ampararán en eso de que claro, hoy a los campos ya no van espectadores. Y sin espectadores, pocos fichajes podemos hacer. Y así, entramos en una espiral tan perversa y perjudicial, que da miedo solo pensar en ella y sobre la que, realmente, me da pereza escribir. 

No somos los mejores. Tampoco los más talentosos. Pero que el corto español haya obtenido cinco nominaciones al Oscar en menos de 20 años, será síntoma de algo, ¿no? Al menos, objetivamente, podemos decir que la salud del corto español es más que buena (pese a recortes, ausencia de ayudas y falta de interés a nivel general). Me alegro de veras por Esteban. Y me sorprende, que ayer se dieran paradojas como que Pau Gasol tuviera palabras de consideración para Esteban en twitter, mientras el periódico El País afirmaba en su página web durante unos cuantos minutos, que no había “ninguna representación española en los Oscar”. Lo mejor de la noticia de ayer es que, más allá de la nominación y el posible premio, Esteban tarde o temprano, encontrará un productor a la altura de su talento. Que haya tenido que esperar tanto es lo único que debería hacernos reflexionar sobre hacia dónde va nuestro cine. El próximo 3 marzo, habrá que trasnochar. Ojalá que veamos cómo Esteban, nuestro particular Iniesta, mete ese gol que nos levante a todos del sofá. Van cinco finales. Es hora de ganar ya el Mundial. 

sábado, 4 de enero de 2014

13 del 2013

Cerrado ya el 2013, ahí va la lista de lo que más he disfrutado este año en el cine. Todas se han estrenado en la cartelera española en 2013. Es una lista sesgada, subjetiva y reducida, pues no he visto todas las películas que querría. 

De nuevo se me cuela Paul Thomas Anderson en lo alto de la lista y su "The master".  Ya me pasó el año que se estrenó "Pozos de ambición" y me vuelve a suceder ahora. Empiezo a pensar que tengo cierta "debilidad" por este hombre. "Amor" de Haneke, al incluirla el año pasado, la dejo fuera de la lista. Y llego a la conclusión de que creo que este 2013 he disfrutado, en general, más con la cosecha europea que con lo llegado de EEUU. Pues eso, una lista, como tantas otras. Ahí van mis 13 del 2013: 

1. THE MASTER de Paul Thomas Anderson.





 2. LA GRAN BELLEZA de Paolo Sorrentino.






 3. LA CAZA de Thomas Vinterberg.



 
4. THE ACT OF KILLING de Joshua Oppenheimer y Christine Cynn.




5.  PRISIONEROS de Denis Villeneuve.



 
6. GRAVITY de Alfonso Cuarón.




7. MUD de Jeff Nichols.






8. ÉRASE UNA VEZ EN ANATOLIA de Nuri Blige Ceylan.

 

 
9. ANTES DEL ANOCHECER de Richard Linklater.



 
10. KON-TIKI de  Joachim Ronning y Espen Sandberg.



 
11. CAMILLE CLAUDEL 1915 de Bruno Dumont.



 
12. LA HERIDA  de Fernando Franco.



 
13. LA MEJOR OFERTA de Giuseppe Tornatore.



jueves, 5 de diciembre de 2013

Leyes para no pensar o cómo cargarse de un plumazo el pensamiento crítico



Subestimamos a nuestros políticos. Creemos que no piensan. Que están incapacitados para pensar. Que están demasiado pendientes de mantener pulido su ombligo. Nuestros políticos deberían estar inhabilitados para gobernar. Todos. Sin excepción. No tienen sentido común. O eso parece. Nos guste o no, nos gobiernan unos tipejos a los que poco les importa lo que piensan los demás. Y a mí me da que nuestros políticos, no solo son inteligentes, sino que además usan su inteligencia para intentar impedir la nuestra. 

De vez en cuando, los políticos toman decisiones. Ya saben, les pagan por ello y nosotros hemos delegado esa responsabilidad en su “aparente” ignorancia. Y así, de vez en cuando, nuestros políticos también toman decisiones incomprensibles para la mayoría. De esas que le sirven a un ministro para ganarse el abucheo general vaya donde vaya o para que en nuestros cafés de mitad de mañana, podamos maldecir entre colegas, la incompetencia que nos gobierna. Y entonces nos decimos entre dientes: “son inútiles. No saben lo que hacen. Qué pena de políticos”. ¿Cómo alguien con cierto sentido común puede proponer una reforma educativa en la que las enseñanzas de Filosofía pasarán a un segundo plano? ¿Cómo alguien se saltaría la recomendación de la Unesco de que la enseñanza de Filosofía en Europa y Norteamérica debería ampliarse? Preguntas, a priori, sin respuesta clara. Entre todos sus artículos, la reciente aprobada Ley Orgánica para la Mejora Educativa (Lomce) suprime la asignatura “Filosofía” como obligatoria  en 4º de la ESO, la mantiene en 1º de bachillerato (en la rama de Humanidades) y coloca “Historia de la Filosofía” como optativa en 2º de bachillerato, donde hasta la fecha, era obligatoria. Ante tal reforma, uno se pregunta si tal decisión está en consonancia con alguna de las recomendaciones realizadas por la Unesco en el año 2011: 

Fomentar la elaboración de políticas educativas que concedan un status autónomo y completo a la enseñanza de la filosofía en la Educación  Secundaria y Superior”.
“Reafirmar que la educación contribuye a construir la autonomía de los individuos y rechazar la reducción del proceso educativo a una enseñanza de técnicas instrumentales y competencias".
“Reafirmar la importancia crucial de la enseñanza de la Filosofía para el pensamiento crítico y actuar para su consolidación”.
“Apoyar los enfoques interculturales en la enseñanza de la Filosofìa en los Centros de Secundaria  y apoyar también la formación del profesorado para este cometido”. 

Todo esto teniendo en cuenta que en la Declaración de Paris a favor de la Filosofía, por parte de la Unesco, se sostiene que la filosofía: “debería ser mantenida o ampliada donde ya existe e introducida donde todavía no existe, con la idea de que la enseñanza de la filosofía forma gente con criterio autónomo, reflexiva, capaz de resistir diversas formas de propaganda y que prepara a cada uno para asumir sus responsabilidades con vistas a los grandes retos del mundo contemporáneo”. 

Pero claro, nuestros políticos, tan irreflexivos, tan impulsivos, tan ignorantes y tan cortos de miras, consideran que los miles de años invertidos por parte de algunas de las mentes más brillantes de la historia de la humanidad, no pueden servir de mucho en la formación básica de un estudiante adolescente. Parece que el mercado reclama otros asuntos prioritarios y ahí las matemáticas y el inglés ganan por goleada. Se requiere operatividad, competencias, destrezas y buen nivel de idiomas.  

Sin embargo, creo que nuestros políticos no son ni tan irreflexivos como pensamos, ni tan ignorantes como nos los venden los medios de comunicación. Porque bien mirado, si uno “suprime” en la medida de lo posible las enseñanzas de filosofía en la educación primaria, secundaria y de bachiller, uno de paso se carga de un plumazo buena parte de ese “pensamiento crítico, autónomo y reflexivo” que al final sirve para que el futuro ciudadano se dé cuenta del entorno en el que vive, “afronte los retos del mundo contemporáneo” y sea capaz de “resistir a las diversas formas de propaganda”. Pero como hoy no hay propaganda, no es necesario formar personas críticas y autónomas. Como tampoco hay muchos retos de futuro, ¿para qué estudiar entonces a Platón, Aristóteles, Kant, Descartes y otros tantos trasnochados? Todos ellos acumulan polvo, naftalina y además están a años luz de nuestro mundo contemporáneo e industrializado. ¿Acaso vamos a confiar en que sean ellos quienes preparen al estudiante para nuestro mundo avanzado donde el “saber hacer” impera por encima del “pensar cómo hacer”?  

 Quizá solo sea eso. Una ley con verdaderas intenciones de mejora. Una ley más, que en el mejor de los casos durará unos años hasta que otras mentes privilegiadas vuelvan a aprobar una nueva reforma desde su “supuesta ignorancia”. Quizá a nuestros políticos no les importe tanto lo que piensen los demás. Va en su sueldo. O quizá sea, que lo que les preocupa de verdad, es que los demás no pensemos. Al fin y al cabo, ellos sí cursaron Filosofía en la escuela. Y ahora, son ellos quienes nos gobiernan. El día de mañana, puede que nos gobiernen aquellos que desconozcan las tres condiciones que Aristóteles, en su Política, nos dijo que debía tener un buen político: “En primer lugar, amor al régimen establecido; en segundo lugar, la mayor competencia en las tareas de su cargo, y en tercer lugar, una virtud y una justicia en cada régimen adecuadas a ese régimen”. Confiemos en que la curiosidad acerque a nuestros futuros políticos a estas enseñanzas. Las leyes de los que hoy nos gobiernan, no lo harán.