lunes, 3 de diciembre de 2007

Adiós a 116 templos.

Acabo de ver las noticias de A3 y me he quedado frío cuando he visto que este año han desaparecido 116 salas de cine en todo el país. Por si fuera poco, muchas de las salas, templos cinematográficos para multitud de cinéfilos, que han intentado sobrevivir a la globalización de las multisalas llenas de adolescentes cargados de palomitas dispuestos a hacer de una película un infierno, han sido profanadas para transformarse en salas multi -juegos, dónde poder gritar, abuchear y tirotear a los compañeros que te rodean mientras juegas a un videojuego que se reproduce en la pantalla cinematográfica de manera simultánea a la del ordenador.


Se ha perdido el sentimiento de sala de cine como templo donde adorar y rendir tributo al séptimo arte. Ese templo donde perderse en la oscuridad de la sala para disfrutar de la proyección cinematográfica. Y no sólo se ha perdido, sino que ha dado paso a la mayor aberración posible: la masa. La implacable y atronadora masa, ajena a cualquier tipo de reflexión que pudiera ofrecer una película, sumida en el más absoluto desinteres por conservar el patrimonio cultural y capaz de devorar o transformar 116 salas en tan sólo un año. El cine como está concebido hasta el momento ya no interesa, pero perdonen que les diga, yo no admito que las salas multi -juegos sean la nueva manera de ver cine.


Que mal pinta el panorama para los que nos queremos dedicar a esto...


3 comentarios:

Anónimo dijo...

Very good Blog

39escalones dijo...

Especialmente en determinadas ciudades en las que ya no hay salas en el casco urbano, sólo multisalas en los centros comerciales de las afueras, el panorama es terrible. Lo peor es que al hacer las estadísticas las maquillan con el tema de los centros comerciales, las ocho o nueve salas por cine, sin entrar a valorar la calidad de éstas, normalmente, construidas para liliputienses y con pantallas como mi tele.
Saludos.

Eo dijo...

De acuerdo con 39 escalones y como no con Nacho. Si además a todo eso le sumamos la pésima costumbre impuesta en las salas de comer palomitas, chuches y entrar con gigantescos vasos de cocacola plastificada... Uno tiene la sensación de entrar en una pegajosa jaula donde los pies te sujetan al suelo y los oidos se distraen con glus glus y ñam ñam. ¡Por favor que alguien pare todo estooooo y nos dejen disfrutar de las películas!