
Finalmente los peores pronósticos se han cumplido y Guante Blanco se
va de la parrilla de TVE, para pasar a internet. Pese a sus buenas críticas en internet, pese a su buen inicio en audiencia, pese a que de nuevo, Ramón Campos y su equipo hayan demostrado que se puede realizar una ficción de calidad en este país (¿a qué precio?). Pese a todo, el que la quiera ver, tendrá que hacerlo por interne o esperar a que los programadores decidan rehubicarla de aquí a unos meses, tal y como han hecho con Lex en A3.
Para los no puestos en el tema,
Guante Blanco era hasta la semana pasada la nueva serie de Bambú Producciones, creadores también de la exitosa
Desaparecida. La trama básica de la serie está inspirada en películas como
La cuadrilla de los once, Nueve Reinas, El golpe, o cualquier película que les pueda venir a la cabeza, en la que policía y ladrón se persiguen y en la que el equívoco, y el arte del robo y estafa juegan un papel importante. Así, policía persigue a ladrón y ladrón huye de policía. Eso, mezclado sabiamante con intensas escenas dramáticas centradas en el núcleo familiar de cada uno de ellos y con la salpimentada cómica de turno encajada en las escenas de la preparación del robo a cargo de la cuadrilla. Suménle a eso, un reparto de lujo para una serie, con actores tanta experiencia en cine como Carlos Hipólito, Jose Angel Egido o Jordi Dauder, además de un extenso casting más que acertado para el resto de personajes con nombres como Eloy Azorin, Leticia Dolera, Ana Risueño o el acertadísimo José Luis García Pérez como Mario Pastor (ladrón de la serie y alma mater de los capítulos emitidos). Ni que hablar tiene, la cuidadísima banda sonora, los sorprendentes títulos de crédito de inicio, la estructura perfecta a lo largo del capítulo (secuencias musicales para las escenas de robo, flashforwards para el inicio del capítulo) y la combinación perfecta entre suspense y sorpresa, que enganchan perfectamente tras el visionado de un par de capítulos. Si a eso le añadimos, que el último capítulo está dirigido por Jorge Sánchez Cabezudo (La noche de los girasoles), lo cual se nota tanto en planificación, como en la puesta en escena, es casi incomprensible lo que ha sucedido tras la emisión de los 3 primeros capítulos.
¿Qué puede fallar entonces para que tras tres capítulos la serie haya pegado una caída en picado? Las serie ha perdido casi la mitad de los espectadores que siguieron el primer capítulo pasando de un
15,9% de share, a un 8%, (reubicación incluida de miércoles a viernes), lo cual no sirve para los publicitarios de TVE, que están casi obligados a la pronta retirada de Guante Blanco de la parrilla. No sé exactamente qué puede fallar, cuando a los ojos de la gran mayoría, la serie brilla por su calidad, su rigor, su sinceridad y su atrevimiento, como una nueva apuesta de hacer algo distinto de la ficción televisiva española.
Este fracaso en audiencias, unido a la caída en picado de
Cazadores de hombres de Antena 3 (Ficción Tv), o a la todavía reciente apuesta de TVE en
Plan América (Notro), a la cual
me refería hace algunos meses, consiguen que los huecos para que las grandes cadenas apuesten por este tipo de ficción sean más pequeños o casi nulos. Así pues, seguiremos viendo en nuestra parrilla las dramedias que desde
Médico de Familia, parecen dar tan buenos resultados a las diferentes cadenas, cuando sin embargo, el público cada vez más acostumbrado a la ficción norteamericana reclama otros contenidos, que no entumezcan nuestra televisión.
Mal acostumbrados a las sitcoms españolas y las dramedias de corte familiar, las series diferentes, más cercanas a una ficción seria de calidad, que no buscan un público generalista, parecen no tener cabida en la parrilla. Al menos, eso indican los audimetros repartidos por todo el país.
¿Quién es el último responsable pues de que la ficción televisiva española no avance? ¿El espectador? ¿Las cadenas televisivas? ¿Los responsables de marketing y publicidad de las TVE? ¿Las innumerables productoras que prefieren no arriesgar al ver descalabros como el de Guante Blanco? Respuestas aparte, lo triste, es que una vez más, el pato lo pagan los espectadores, o al menos, los espectadores, que una vez más, le habían dado una nueva oportunidad a una serie que independientemente de su calidad (¿notablemente superior al resto?) sí suponía al menos, una nueva apuesta continuista con la calidad que había consolidado a Desaparecida, y que de nuevo sin saber muy bien porqué no tiene cabida en la encostrada parrilla de la televisión española.