jueves, 8 de septiembre de 2011

Tambor de juguete

Caminaré por la calle hasta perder la cuenta de las baldosas que tiene esta ciudad. No sé si antes, o después de que note el pinchazo en el pecho, me detendré frente al escaparate de viejos juguetes. Me llevaré la mano al corazón. De forma impulsiva, como un acto reflejo, intentaré respirar para mantenerme en pie. No llamaré mucho la atención. Y pensaré en ti. Respiraré con cautela, pues es bien sabido, que llegado el delicado momento, siempre es bueno seguir siendo discreto. Intentaré no asustar al resto de viandantes. Desfiguraré el mundano ruido de los automóviles, me olvidaré de las luces de los semáforos y del calor que desprende el alquitrán. Me centraré en el pequeño tambor de madera pintado de rojo del centro de la vitrina. Y entonces, cuando note los últimos latigazos musculares, recordaré poco a poco el redoble de las baquetas retumbando en mis dedos aquel jueves santo lluvioso. Y pensaré en tus pechos escondidos bajo el camisón de seda la noche que dormimos bajo la encina. Pensaré en las hormigas que resbalando por las grietas del tronco se colaron entre las curvas de tu espalda. Recordaré la carcoma de la vieja hamaca que madre nunca barnizó en el corral. Y la tinaja de vino amargo que el abuelo olvidó en el desván. La baraja desgastada que la abuela manejaba con maestría y las robustas manos de padre siempre cubiertas de tierra. Recordaré el sabor de las almendras recién partidas en primavera y el olor de las brasas con las que asábamos castañas el día de los difuntos. Recordaré las papelinas colgando en el balcón por San Roque y los paseos en bicicleta cuando caía el sol de verano. Recordaré cómo los grillos se abrían paso ante tus tobillos y cómo tu cadera se contorneaba entre los juncos de la balsa. Recordaré el tacto de las sábanas recién lavadas colgadas del viejo olmo y el rumor de los vecinos cuando saliste a la calle con aquel vestido blanco ceñido. Recordaré la última vez que me apretaste la mano con fuerza antes del estertor definitivo, y poco a poco apretaré también con fuerza la mía contra el pecho. Pidiéndole a Dios escuchar por última vez el redoble del tambor, acariciar la mejilla de madre, limpiar la mano de padre…Pidiéndole a Dios, volver una última vez, aunque sólo sea, para descansar cerca de ti.

5 comentarios:

Eo dijo...

Prosa poética o poesía en prosa. Tierno y cálido relato con gran fuerza visual.

Vanessa dijo...

Y para mí también un intenso componente surrealista. Creo que por eso me ha resultado tan perturbador. Esa desnudez de pensamientos, totalmente libre y espontánea, abandonada a las asociaciones emocionales por encima de la lógica de la razón, te sumerge en el subconsciente de su protagonista de una forma tan cercana y natural, que es imposible no sentir su amor e imaginar todos los momentos de felicidad que encierran esos pequeños recuerdos. La primera vez que lo leí me dejó tan triste que no me salían las palabras.

Fran dijo...

Me ha recordado a esto y lo quería compartir:

http://www.youtube.com/watch?v=ERITbHh-St0

Nacho. dijo...

Gracias por el enlace Fran. Muy evocador.

Fran dijo...

Qué relato tan bonito, Nacho. Es muy emocionante, en muy poco me has hecho sentir la gran pequeña belleza de los momentos que conforman a cada uno de nosotros. Lo importante que, a veces, me pasa desapercibido. Gracias.