sábado, 9 de abril de 2011

Adiós al maestro. Sidney Lumet (1924-2011)


“Hago películas porque me gusta. Es una manera maravillosa de pasar tu vida”

Normalmente hay una serie de directores que a uno le gustan más o le entusiasman de alguna manera. De esos hay un pequeño puñado que uno considera imprescindibles, y por cuestiones que trascienden a lo meramente racional y que casi siempre se vinculan a lo emocional, hay uno o dos que resultan sumamente especiales. Vaya por adelantado, que Sidney Lumet, era uno de esta última categoría en mi caso. De ahí que este "no obituario" no se reduzca a una simple fecha con fotografía, sino que más bien sea la manera de exorcizar este desapacible día.


Su IMPRESCINDIBLE libro “Así se hacen las películas” (el cual cualquier director debería leer varias veces a lo largo de su vida) y sus más de cuarenta películas, son una buena manera de acercarse a él para quien no esté familiarizado con el director estadounidense. Esta tarde, cuando un buen amigo me enviaba un mensaje para comunicarme la muerte del octogenario director de cine, me quedaba helado en medio de un supermercado. Petrificado. Inmóvil frente a la mirada de la cajera que exigía rapidez para que rellenara mis bolsas de la compra. Y puede que nunca antes hubiera sentido una cosa así, tratándose de alguien a quien no conoces personalmente. Imagino que es inevitable cuando piensas que el director que ha muerto ha sido una de las personas que te ha regalado algunas de las mejores horas de tu vida, y que ha conseguido en varias ocasiones, no sólo aplausos rotundos en tu sofá, sino verdaderos ataques de emoción y respeto.


La tarde de perros del 9 de abril (como algunos comentaban con agudeza en las redes sociales) ha despedido a uno de los últimos bastiones del buen cine. Del cine que se escribe con mayúsculas y que está al alcance de muy pocos. Esta tarde se ha marchado uno de los últimos exponentes de la Generación de la Televisión (Lumet realizó más de 20 trabajos televisivos además de todas sus películas), y uno de los últimos directores “casi clásicos” que seguía en activo (siempre resulta controvertido utilizar la palabra "clásico"). Hoy se va uno de los directores con una ópera prima, que a la postre, se ha convertido en un clásico imprescindible. Pocos directores han demostrado tanto oficio y tanta visión cinematográfica, como la que Lumet desplegó en su primera película 12 hombres sin piedad (Twelve angry men, 1957). Durante 86 minutos, y con texto de Reginald Rose, Lumet filmaba con maestría a esos doce hombres encerrados en la sala de jurado, intentando otorgar un veredicto. Henry Fonda con su impecable traje blanco, un ventilador estropeado, cuatro paredes de un plató a medida y una cámara oportuna, vivaz y precisa en cada uno de sus planos, le bastaron al joven Lumet para rodar esta obra maestra con un presupuesto mínimo y sembrar la tan presente duda razonable en el espectador. El resto, forma parte del mejor cine judicial de todos los tiempos, y un legado único e irrepetible que perdurará a través del tiempo.Con Lumet, muere también, uno de los cineastas más comprometidos del cine estadonidense (pese a que él mismo lo negara en varias ocasiones). Al igual que John Ford, Lumet nunca dijo que entendiera el cine en términos de arte. Más bien, entendió el cine como un oficio. Negó siempre que la figura del director fuera más relevante que el resto de un equipo de rodaje,y puso en duda la teoría del cine de autor en varias entrevistas. Películas como Supergolpe en Manhattan (The Anderno Tapes, 1971), El príncipe de la ciudad (Prince of the City, 1981), o A la mañana siguiente (The morning Alter, 1986), son obras de minuciosa orfebrería, a veces consideradas películas menores, pero que sin lugar a duda, podrían servir como clases magistrales en cualquier universidad del mundo de cómo dirigir una película.


No todo fueron luces para el director de Filadelfia. Lumet nunca ganó un Oscar de la Academia (como tantos grandes directores), y tuvo que esperar al año 2005 para que se le concediese de forma honorífica. Sí que estuvo a punto de ganarlo en varias ocasiones. Cuatro de sus nominaciones fueron por cuatro de sus mejores películas. Junto a su primera nominación con su debut, recibió otras tres por Tarde de Perros (Dog Day Afternoon, 1975), Network (1976), y Veredicto Final (The Verdict, 1982, de la que hace poco hablé en el blog). Además, gracias a Lumet, disfrutamos de una de las mejores interpretaciones de Marlon Brando en Piel de serpiente (The fugitive kind, 1959), de una de las mejores Katharine Hepburn en Larga jornada hacia la noche (Long Day´s Journey Into Night, 1962) y de un Al Pacino irrepetible poniéndose en la piel del mito Serpico (1973). Son muchos los actores que han recibido una nominación al oscar de la mano de Lumet, y muchos los espectadores que se han emocionado con alguna de sus películas.


Y quizá, gran parte del mérito del maestro Lumet, es que su obra no es ni mucho menos perfecta. Entre sus películas, se encuentran grandes fracasos de taquilla, grandes batacazos para la crítica, y películas insoportables como los remakes de El mago (The Wiz) o Gloria (1999), por poner dos de los múltiples ejemplos que podríamos sacar a relucir. Sin embargo, antes de morir, Lumet quiso ofrecer sus últimos apuntes como gran director en la memorable Antes que el diablo sepa que has muerto (Before the Devil knows you´re Dead, 2007) y en la imprescindible Declaradme culpable (Find Me Guilty, 2006), donde sacando lo mejor de un Vin Diesel casi irreconocible, ponía el broche perfecto a una larga trayectoria ligada al estrado judicial estadounidense. Sidney Lumet nunca descansó en su trabajo y en su empeño por hacer cine. A él le debemos gran parte del mejor cine policial, social y judicial de todos los tiempos. Con sus éxitos y sus fracasos y con un legado cinematográfico que seguir descubriendo, nos dice adiós uno de los mejores orfebres que han pulido el celuloide. Hasta siempre Lumet. Gracias por hacer que este mundo no sea tan implacable como parece.


7 comentarios:

Larry dijo...

Gran texto Nachete. De sobra era conocida tu admiración por él. Qué solos nos quedamos los vivos...

un abrazo,
Larry.

Eo dijo...

Gracias a Sidney Lumet también por inspirar el título de este blog. Deseamos que una vez asimilado el dolor por muerte del maestro el blog, impaclable, siga adelante con nuevas entradas para deleite de ávidos lectores.

Ignacio Estaregui dijo...

Personalmente, aunque me encanta el cine, todavía soy un "analfabeto" puesto que me faltan muchos títulos y muchas filmografías por ver, pero es verdad que descubrir a Lumet ha sido un gustazo imposible de definir sólo con palabras.
Nunca siento pena por gente como Lumet cuando muere, y más si es de anciano, puesto que todos vamos a desaparecer, el por lo menos deja su legado vivo. Y qué legado.

Nacho. dijo...

Eo, Después de asimilar que ya no habrá más Lumet, "Un mundo implacable" intentará seguir con más entradas. Lumet es, y será, un gran inspirador.

Pablo Aragüés dijo...

Cuando tengo un rodaje importante, siempre releo el libro de Lumet y entre unas cosas y otras, al año, caerá mínimo un par de veces. Lo único bueno que tiene cuando se van los grandes, es que dejan sus películas para siempre. Sin embargo... que ya no hagan más... ¡Eso es una putada! Ya querrían muchos estar tan lúcidos y dirigir con la eficacia que él lo hizo a sus años en estos últimos tiempos.

Vanessa dijo...

Hacía poquito que lo había incluido en mi lista de genios por descubrir, así que hasta el momento sólo he visto 4 de sus pelis: Doce hombres sin piedad, Network, Antes que el diablo sepa que has muerto y Declaradme culpable. Todas para mí son excelentes, aunque le tengo un especial cariño a la primera, porque cambió por completo mi forma de ver y entender el cine. Supongo que esto, independientemente de la brillantez que destila la obra, también depende mucho del momento y las circunstancias de cada uno, pero el caso es que a mí me sucedió con Lumet y sus 12 hombres sin piedad. Por eso me da penica que se haya ido, pero me alegra saber que ha dejado tantas horas que compartir con él. Seguro que su mirada todavía tiene mucho que enseñarme.

P.D.: Teniendo en cuenta la relación del acusado con los hechos aquí expuestos, ahora mismo, sin ningún tipo de duda razonable (aunque lo ponga en el título) y con la autoridad que me otorga haberme leído este post, “declaro al blog implacable CULPABLE de todos los cargos y le condeno a seguir recomendando más buen cine como parte de sus servicios a la comunidad”. He dicho (-.-) (mazazo y levanto la sesión)

Nacho. dijo...

Pablo, ya sabes que comparto contigo el gusto por Así se hacen las películas. Para mí también es una referencia ineludible.

Vanessa, si no me queda otra...agradezco su sentencia. Diré a mi favor que nunca me fue asignado un buen abogado...y que yo en tu caso seguiría viendo de Lumet por Tarde de perros, Serpico y Asesinato en el Orient Express (otras tres fundamentales del director).

Gracias por vuestros comentarios!