sábado, 20 de marzo de 2010

La estrecha línea entre la realidad y la ficción.


Esta semana ha sido una semana importante en el cine-club de la Universidad. Doblete de los buenos: Apocalypse now (1979, Francis Ford Coppola) y Hearts of Darkness: A filmmaker´s Apocalypse (1991, Eleanor Coppola).

He visto el documental realizado por la mujer de Coppola por primera vez en pantalla grande, y reconozco que me ha impresionado. Al igual que Lost in la mancha (2002, Keith Fulton & Louis Pepe) considero que es un documental de lo más didáctico, acerca de cómo cuando uno se enfrenta a una producción, la ficción puede acabar convirtiéndose en realidad, y cómo la estrecha línea que separa ambas, se puede romper para dar paso a la locura. A Coppola su película le engulló por completo. La ficción en la que se vio sumida, unida a una innumerale serie de catástrofes y dificultades de producción, y a una intensa lucha por lograr una película épica, le consumió cuatro años de su vida, y supuso - a excepción de El padrino III- un declive en su carrera, y al pérdida absoluta en la confianza que él tenía sobre su proceso creativo. El documental es realmente impresionante. En él se aprecia cómo un director puede perder la confianza en lo que hace, cómo la duda asalta completamente incluso al quiénes parecen tan seguros sobre lo que realizan.

La megalomanía de Francis Ford Coppola se aprecia en cada uno de sus parlamentos, pero también esa locura necesaria para realizar una película de semejante calado. La locura necesaria para embarcarse en un proyecto de tales condiciones. El propio Coppola reconocía en la presentación del Festival de Cannes de 1979 que Apocalypse now no era una película sobre Vietman, que aquello era Vietnam. Rodada en Filipinas, con un presupuesto estratosférico, y con quizá la mejor secuencia que se ha rodado hasta el momento en un film bélico -la famosa marcha de helicópteros con La marcha de las Valkyias de Wagner de fondo- Apocalypse now mantiene toda su magia. También todo el mito y leyenda que supuso el rodaje, y que la mujer de Coppola recoge en este maravilloso documental.

¿Hasta dónde está dispuesto a sacrificar un creador por su obra? ¿Hasta dónde está dispuesto un creador a que su obra se interponga entre su vida personal, su estabilidad psicológica y su estabilidad física? ¿Hasta dónde está dispuesto a arriesgar el creador por aquello en lo que cree? Directores como Coppola son necesarios. Quizá no son un ejemlo perfecto de cómo enfocar una producción, pero sí de cómo luchar por lo que uno quiere. No hay que desistir, ni en aquellos momentos en lo que todo parece imposible. ¿O no?

Un documental que finaliza con tan acertada reflexión sobre el futuro, y con un mensaje tan claro y esperanzador de una persona que ha vivido en el infierno durante cuatro años merece toda la atención del mundo. Os adjunto las últimas palabras de Coppola recogidas en el documental. Consciente de las nuevas teconologías, ya avanzaba lo que hoy es una realidad.
¡Cuánta sabiduría!


4 comentarios:

Aragüés dijo...

Amigo, Nacho. Creo que hoy es un día histórico: ¡Por primera vez estamos de acuerdo! Jajaja

Un abrazo!

Ignacio Estaregui dijo...

Pongo el documental en la enorme lista de los "debe", pero es verdad que la tu entrada me ha encantado Nacho.

Los espejos de azabache dijo...

Desde el colegio "Víctor Mendoza" de Binéfar te recordamos.

María Jesús Lamora

http://losespejosdeazabache.blogspot.com/

Anónimo dijo...

Creo que coincidirás conmigo en que esto sólo fue posible en un momento y un lugar determinados en la historia del cine. Me refiero a lo de luchar por lo que uno quiere. Coppola hoy en día, precisamente por ese déficit que comentas en la producción, no duraría ni dos días en un gran estudio. Los productores ya no se comprometen con las ideas TAN subjetivas. El cine de autor, salvo grandes excepciones, murió. Un saludo