viernes, 3 de diciembre de 2010

La siempre presente duda razonable


Ser miembro de un jurado para otorgar un premio no es tarea fácil. Cualquiera que haya atravesado esa situación lo sabe. Si bien es cierto que tiene cierto punto divertido, incluso reconfortante, la mayoría de las veces resulta complicado discernir qué obra merece ser premiada, y todavía más complicado discernir por qué.

He tenido la oportunidad de asistir como jurado varias veces en festivales, certámenes, etc. Recientemente, decliné una nueva invitación a participar como jurado en un festival de cortometrajes. Tenía que leer casi sesenta guiones de cortometrajes durante todo este tiempo y decidí no mezclar churras con merinas. Al final, pese a que el objeto que valoras siempre es diferente según el certamen o festival, la sensación como jurado resulta siempre parecida. Ser jurado de algo me parece que es una tarea de una gran responsabilidad, que exige mucho compromiso hacia uno mismo, y por supuesto hacia el resto de los miembros que componen el jurado. También es una tarea de un gran compromiso ético respecto a tus ideas, tus juicios, tus gustos, y por supuesto respecto a la confrontación de estos con los del resto de los miembros del jurado. Es por eso que quizá tenga predilección por películas en las que alguien debe defender sus ideas, ya sea en 12 hombres sin piedad o Caballero sin espada. Estoy pensando que igual por eso, también me atrae tanto La red social. Aunque ese es otro tema.

La responsabilidad de un jurado se demuestra en la seriedad con la que este se plantea lo que está valorando. No quiero ni imaginar lo que debe ser pertenecer a un jurado popular, en el que en vez de premiar a alguien, se debate qué castigo va a recibir el acusado. Por supuesto, la peor pesadilla posible es pertenecer a un jurado popular que decide sobre la vida o la muerte de otra persona. Estoy pensando que por eso me impactó tanto el final de M, el vampiro de Dusseldorf o que por eso sufro cada vez que veo cómo finaliza Frankestein. De hecho, cuando se trata de valorar obras ajenas, uno siempre espera encontrarse unos compañeros que se tomen con responsabilidad su cometido. Desgraciadamente no siempre es así, y en alguna ocasión me he cruzado con personas que se toman muy a la "ligera" sus decisiones.

Ayer participe en la mesa de jurado que emitía el fallo (¿por qué se le llama así? , ¿vendrá todo de un error constante por parte de los jurados?) al V Certamen de Guiones de la Delegación del Gobierno en Aragón. Quizá de las experiencias que he tenido, ha sido la más comprometida y reconfortante al saber que el sistema no sólo es suficientemente justo (varias votaciones, diversas cribas, y diferentes sistemas de puntuación para otorgar el premio, además de un tiempo razonable para leer todos los guiones presentados) sino que el debate entre los miembros del jurado se convierte en un factor fundamental para seleccionar a quién otorgar el premio. De hecho, el marco para la valoración era el adecuado. Una biblioteca con una gran mesa rectangular de madera, donde todos los miembros podíamos vernos la cara, presidida en este caso por el Delegado de Gobierno en Aragón, tres personas con voz pero sin voto y los nueve miembros del jurado con voz y voto.

Al estar valorando obras que van firmadas con seudónimo, la igualdad en ese sentido es máxima. Sin embargo, y pese a que los fallos del jurado siempre son inapelables (de no ser así jamás habría un jurado que fuera definitivo), uno siempre se plantea si al final la obra seleccionada como ganadora es realmente la mejor de todas. Probablemente sí lo sea, puesto que cuando tantas personas valoran, puntúan, conversan y argumentan por qué sí o por qué no merece ser el ganador, se supone que la decisión no está tomada a la ligera y que es lo suficientemente ecuánime como para ser justa. En ese sentido, una decisión salomónica. Y se supone que tras el debate y el consenso del jurado, uno debe pensar que por supuesto la mejor obra es la que ha ganado. Pero…¿qué pasa cuando de repente nos ataca la duda razonable? Es inevitable que al final uno piense sobre cómo se ha tomado la decisión. Y por supuesto, también sirve para replantearse lo fortuito que puede ser en muchos casos, el hecho de que un jurado te otorgue un premio. Entiendo a Paul Newman cuando explicaba por qué corría en carreras de coches. Decía que era la única manera de saber si eras realmente el mejor, porque si llegabas el primero, significaba que realmente lo eras. Cuestión de segundos, sólo eso. En el caso de festivales, certámenes, o distinciones en forma de premio, soy cada vez más consciente del poco peso (que no ilusión y apoyo, eso es otra cosa) que debería tener para considerar que tu trabajo es bueno, o sencillamente, mejor que el de los demás. Y cuando uno empieza a comprender de verdad eso, es cuando creo que disfruta de otra manera en el momento que un jurado le otorga un premio. La de ayer fue una grata experiencia, en la que el arte de la dialéctica fue realmente importante para la valoración final. Después me acerqué hasta el FNAC y cayó en mis manos “El arte de tener razón” de Arthur Schopenhauer. En un día así no pude evitar comprarlo. Por suerte no tuvimos que hacer uso de lo que Schopenhauer explica en su última estratagema: “cuando se advierte que el adversario es superior y que uno no conseguirá llevar razón, personalícese, séase ofensivo, grosero”. Lo de ayer fue mucho más agradable y finalizó con un fuerte de apretón de manos, y la sensación de haber sido lo más justos posibles dentro de la siempre complicada labor de ser jurado. Aunque existan, como siempre, comprensibles dudas razonables. Al fin y al cabo ¿qué seríamos si no las tuviéramos? No es fácil ser jurado, y creo que nadie, por mucho tiempo que lleve haciéndolo, puede terminar de acostumbrarse a serlo. Quizá Risto Mejide...pero ese también es otro tema.

El fallo del jurado aquí. Mi enhorabuena a los ganadores.

6 comentarios:

Anónimo dijo...

¿Laura Sipán? Esperemos que sea el motivo del título de la entrada.

Anónimo dijo...

yo nunca he recomendado este certamen. No menciono la edición en la que el jurado vio que una misma persona iba a quedar en los dos primeros puestos con obras diferentes en vez de ser justos lo único que se hizo fue decir `esto no puede ocurrir´. Como consecuencia se retiraron las obras. Yo estaba delante, sin voz ni voto pe rodelante y bien callada.Habrá gente que lo haya merecido y otros mucho más.

creo que sé a qué te refieres mencionando a Laura Sipán ¿está relacionado con el talento de...?

Ignacio Estaregui dijo...

No es por pelotear, pero ojalá todos los jurados fueran como tú, o al menos que se lo tomaran con tanto interés. Tengo la sensación de que no es así en muchas ocasiones.

PD: ¿Porqué no se firman los comentarios? Creo que serían más valientes y veraces, y más todavía si se mencionan otros nombres.

PD2: Os aseguro que no conozco a ninguno de los implicados

Estaregui.

Nacho. dijo...

Ánónimo 1, el único motivo de la entrada es el que da título a la misma...la duda razonable y sus recovecos.

Anónimo 2, desconozco qué o cómo han sido otras ediciones, y nunca se sabe con certeza quién merece más o no el premio. Como intento exponer, es probable que en cualquier certamen exista otro que merezca más el premio...pero ¿cómo se valora eso? No obstante, un jurado formado por 9 personas relacionadas con el audiovisual (creo) que dentro de la lógica razonable, es un jurado bastante amplio como para tomar una decisión. Y a diferencia de tu comentario, puedo corroborar la seriedad con la que todos los miembros se toman dicho cometido.

Nacho, estoy de acuerdo contigo en lo de los comentarios, pero entiendo que a muchas personas les resulta más útil hacerlo así. Yo soy más de dar la cara, tanto para que te de un beso, como para recibir bofetadas (vaya ñoñez, jaja).

Gracias por vuestros comentarios.

Anónimo dijo...

¡Madre mía! Como seas tan exigente como con unos que yo me sé... jeje es broma! Hombre, es difícil ser jurado pero bueno... si uno se presenta a un concurso ya sabe que puede ganar y (casi siempre) puede perder. Y las decisiones del jurado hay que respetarlas. O al menos resignarse a ellas.

Fdo. Una atea de los concursos (o Silvia para los amigos).

Memento Mori dijo...

Bueno, participé en ese concurso con un par de guiones y no "cayó" nada. A ver si hay mas suerte en la próxima edición.